JM.Persánch ®
Acuarela de pensamientos (2009)
ISBN 978-0-615-31944-5
Tu nombre
Esta noche, las palabras acuden a mis labios perezosos,
que tímidas se deslizan sin ánimo por ellos,
no devoran el silencio con su júbilo asiduo,
pues a penas les llega el aire para lanzarse al vacio;
y he de reconocerte que me he asustado, y
he de confesarte que ese miedo me ha perturbado,
al ver como la noche salta por mi ventana para arrebatármelas.
Esta noche trataron de secuestrar mi hache y mi jota, y además
me amenazaron con dejarme sin acentos, mas yo
sólo tengo miedo a que me roben palabras enteras,
como tu nombre, y con ello tus recuerdos ante la incapacidad de nombrarte.
Esta noche, por ti lo haré:
descender a los infiernos de Dante, es un ejercicio amoroso
que los viejos del lugar recuerdan bien; ya hace tiempo que nadie
rompe los límites de la realidad, para provocar tal viaje hacia las entrañas
del deseo, ni siquiera cuando escaleras abajo se vislumbra un amor
sublime, a cambio de un sorbo de alma limpia.
Los tiempos cambian y con ello nuestros infiernos,
hoy las palabras se convierten en actos de fe, y la fe en desafío del ayer;
Si cuando mires hacia allá, por casualidad aún sigo sentado en un resquicio,
piensa que lo lograron, y que ahora estoy esperando que me devuelvan
tu nombre.
Sueños de una vida
De niño soñé con la vida,
como si el tiempo no tuviera donde ir,
abracé su recuerdo frente a un espejo añejo
que aún me devolvía el eco de tu risa,
envuelto entre ensoñaciones y osadía,
hasta que la noche cedía a la tenue luz del día,
y yo, reposado en tus sombras quietas yacía,
ensoñando una vida de ilusiones en rebeldía
mientras tu nombre te repetía,
pintando los amaneceres con el color de tus ojos
mientras en hombre me convertía.
De niño también soñé con la muerte,
como si el tiempo no me quisiera hacer esperar más
para volver a verte,
como si detuviera el segundero de tanto quererte,
como si el tiempo no quisiera verter más
lagrimas que de vuelta pretenden traerte,
ensoñando una vida pasada de ilusiones en rebeldía
mientras tu nombre aún repetía,
despojándome de sentimientos en pura anarquía
mientras tu piel con mis manos recorría,
para acabar reencontrando en el amanecer el color de tus ojos.
Ahora ya soñé que no volveré a soñar,
porque mis sueños, sueños fueron y ya no son,
porque mis sueños ya partieron
para despertar un día en tu corazón.
Una obsesión
Ahora los cuatro ya nos convertimos en una misma cosa,
ayer dialogué por el camino con Neruda, Cernuda y Alberti,
y me contaron cómo iba a ser mi vida lejos de aquí,
cuando no sintiera tus manos en mi pecho,
y mirara desconcertado al cielo buscándote con despecho.
Mi obsesión es una pregunta,
es una impía amargura,
tan furtiva como dura,
que en nubes y olas se barrunta.
Mi obsesión son tus ojos ocultos en la penumbra,
mi secreto tus labios y mi deseo tu respuesta.
Mi obsesión es tener que meter los recuerdos en una maleta,
y partir una vez más al ver el alba caer en trizas desecha,
y mi llanto perder de vista la playa en la que depositaste tu alma.
Mi obsesión es una pregunta,
es un delirio,
una pena,
un dolor,
y todo lo contrario,
es un deseo,
un sobrepeso
y un desprecio,
por perderme de nuevo en tus brazos,
es un placer,
una pesadilla,
todo junto como luna y neblina,
mi obsesión eres tú
y todo lo contrario,
mi obsesión soy yo
cuando no te extraño.
Elegía al maestro Borges
Maestro, se que le voy a defraudar,
porque me pidió que le olvidara y no pude.
Usted, de apenas cuatro veces veinte años de nada,
cuyo destino fue la lengua castellana
y no quiso nunca salir de la biblioteca de su padre.
Usted, escritor que quiso estar solo y llevar una vida de amigos invisibles,
lectores que se acostumbraron a un contador de sueños vividor de la vigilia.
Tan modesto que quiso ser transparente y pidió que se le olvidara,
que leyeran a otros…
Los libros se quedaron sin caras y le negaron sus letras,
y nunca conoció al anciano que le miraba al otro lado del espejo;
así, esperó que la puerta saliese a su destino como bien profetizó,
divisando su sombra al otro lado del libro, y de la vida.
Halló la rosa profunda que se alterna en tomar forma de isla y espejismo,
para no siempre llegar a pisar tierra firme,
y ver que el poema o la prosa se desvanecía,
una panacea recelosa de si misma que no se quiere desnudar ante tu pluma.
Llegando a media noche para quedarse hasta el alba,
allá verá aún al poeta,
amarrando sombras donde todo sucede por última vez,
y la madrugada anclada en el recuerdo de las palabras y
sus ecos huecos paseando la mirada por la vida.
Yo hoy le escribo, sabedor de que junto al paraíso de los creyentes
amanece la muerte del poeta.
Suspiros
Un suspiro es tantas cosas:
amor, hartazgo, pesadumbre, gozo, risa y llanto...
un suspiro es la vida misma,
y entre suspiro y suspiro,
más amor, hartazgo, pesadumbre, gozo, risa y llanto;
Un suspiro es el aire despidiéndose de tus labios
y, entre suspiro y suspiro,
dejar que el alma se escape por la boca.
Un suspiro es pensamiento hecho aire,
aire hecho sentimiento, y sentimiento hecho sonido.
Un suspiro es tantas cosas,
como colores imposibles y dulces mariposas,
y regalar por igual lágrimas y rosas;
un suspiro es un poema hecho tinta,
para recitar a mujeres hermosas.
Un suspiro fue lo primero que mi madre me regaló al parirme,
y, entre suspiro y suspiro,
más allá de la muerte,
sé que seguirá conmigo,
aunque un suspiro
sólo sea un suspiro